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EL REGRESO DE ISMAEL KLEIST Virginia
Kleist abre la puerta. -
¡Ismael! ¡Te hacía en la guerra! ¿Vienes de la guerra o del
gimnasio? ¡Qué delgado estás! -
La guerra ya ha terminado, ¿es que no lees las noticias? -
¿Entonces vienes del gimnasio? Ella
se rasca la cabeza, mirando hacia abajo y haciendo un mohíno como de
arrepentimiento o de vergüenza. -
¿No vas a dejarme entrar en mi propia casa? -
Sí, claro, es que acabo de limpiar y vas tan polvoriento.
Parece que salgas de un saco de harina negra. Pero pasa, a pesar de la
postguerra todavía viene la mujer de limpieza, aunque ahora le da por
humillarme. Ahora la rusa soy yo. Pasa
y se sientan -
Ismael, tengo que decirte algo. Sé que no te va a gustar. -
Deja que me ponga cómodo antes, yo también quiero decirte
algo. Te advierto que cuando me quite los zapatos se te va a rizar el
pelo, vengo caminando desde Polonia. -
¿Es que los americanos no os pusieron una línea de autobuses,
aunque sea? Ismael
empieza a desatarse los cordones de los zapatos. -
No, no, antes de ponerte cómodo...es que (mirando
hacia atrás)...claro, me hacía falta el dinero y...alquilé las
habitaciones. -
¿Qué habitaciones si sólo tenemos una? -
Bueno, pues esa...esa es la que he alquilado. Sale
alguien vestido con uniforme militar y una vara. -
¡Sr.Karl! -
¿Qué hace éste aquí? -
(nerviosa) Es...Es
el inquilino de la 3-B -
¿La 3-B? -
Así le puse a nuestra habitación. -
Si sólo hay una habitación...¿cual es la 3-A? -
El lavabo -
(se levanta) Bueno,
ya está bien, dile que se vaya, ahora no te hará falta ningún
inquilino. - (ella a Karl) Er will dich raus - (gritando) Warum? -
Pregunta que por qué -
(él, de espaldas)
Porque lo digo yo - Weil er das sage - Und wer ist er? -
Dice que quien eres tú...mira, estoy un poco harta de traducir
y esto parece que se complicará. Mi alemán...mi alemán es muy básico. -
¿No puedes decirle que soy tu marido? -
Es que no le dije que estaba casada. Mira, yo tenía miedo y
pensé que si le decía la verdad me fusilaría. -
Nadie fusila a nadie por decir la verdad. -
Bueno, ¿y yo qué sabía? Ella
le dice algo al oído y el alemán se va. -
¿Cómo puedes haber estado con el general Karl Strumpft? -
Nunca supe pronunciar su nombre muy bien desde que se me partió
el frenillo. Me cayó un ladrillo encima tratando de reconstruir el
barrio. No va a ser fácil reconstruir esto. En todo caso, ¿qué hay
de malo? -
El fue el que me cortó el pelo así. -
¿Es general o peluquero? ¿O ambas? -
Vengo de un campo de exterminio, Virginia. -
Pues no lo han conseguido, que lo sepas. -
¿Vengo de un holocausto y tú qué haces? Venderte al primer
postor. -
Estaba desolada (se
levanta) Te prepararé algo, debes de estar hambriento. -
No, debo irme. Mi destino no está aquí. Te quería decir algo
pero ya no te lo digo. Virginia
se queda de pie, sin saber qué decir pero tampoco sin impedírselo. -
Me sabe mal que te vayas así. A todos nos ha cambiado el
desastre de la expansión alemana. Ismael
se dirige hacia la puerta. -
(ella a él) Supongo
que esto es una despedida...Desde luego, te vas peor que cuando
entraste. A ti nunca te ha sentado muy bien que ganen los americanos.
¿Es eso, no? Ismael
abre la puerta y se va sin cerrarla. -
(para sí misma cerrando
la puerta) ¡Qué corriente hay! De
la habitación 3-A sale un hombre con la cabeza afeitada. -
¿Ya puedo salir? -
Sí era mi marido. -
Ya lo sé, mantuvimos relaciones sexuales cuando éramos compañeros
de barracón. Decía que yo le recordaba a usted. -
Sí, claro, pero cuando llegó a tu entrepierna podría haberse
despertado. ¿Y yo qué, te recuerdo a él? -
Eso ya no importa. -
Ya verás si importa. La postguerra me tiene harta. Virginia
se dirige furiosa hacia la ventana, la abre y se asoma. -
¡Eh, Ismael!...¡Maricón!
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emleuqiR nauJ
© Juan Riquelme, 2004